“La vida es una tragedia cuando se ve en primer plano, pero una comedia si se mira en plano general.”
Charles Chaplin
Entré en Facebook con una novela y salí con una anécdota que todavía pide terapia.
Iba a vender un libro.
Un libro. Una cosa con páginas. Un objeto bastante inofensivo. Nada que debiera requerir valor, ni abogado, ni un protocolo de emergencia.
No esperaba emociones fuertes. Pero hay días en los que la realidad decide montarte una exposición temporal de rarezas.
Se manifestó en forma de señor. Porque los hombres así no escriben: se manifiestan.
—Hola, soy sumiso.
Y yo pensé: magnífico. Yo soy pelirroja e intolerante al gluten. Parecía una reunión de presentación de síntomas.
Pero no. Él no estaba compartiendo. Estaba abriendo expediente.
A los pocos mensajes ya estaba intentando comprar algo que no estaba a la venta.
—¿Puedo ser tu perrito?
¿¿¿¿Qué???? No. Esto es una librería. No un refugio animal.
—Compro 10 libros.
Lo dijo con el orgullo de quien cree que la vida es una máquina expendedora: introduces libros y cae una fantasía de serie B.
—¿Y si compro 20?
Seguíamos sin estar en un mercado persa.
—¿Qué valoras más, el sometimiento psíquico o el físico?
Valoro mucho que la gente tenga una vida interior que no necesite intermediarios ni presupuesto.
—Eso son 10 libros más.
Ah. De acuerdo. Esto era un videojuego. Yo estaba desbloqueando diálogos secundarios sin querer y sin ganas.
—¿Qué zapatos usarías para ser mi dueña?
Los de correr. Los de huir. Los de desaparecer en una nube de humo como Batman, pero con ansiedad.
—¿Puedo llamarte ama?
No.
—Compro 50 libros.
Ni con la Biblioteca de Alejandría, campeón.
—Soy un sumiso diferente.
Naturalmente. Todos los especímenes lo son. Es lo que pone en la etiqueta, antes de la letra pequeña.
—No busco sexo.
Estupendo. Yo tampoco busco… esto.
—¿Prefieres que me entregue psíquica o físicamente?
Prefiero que te entregues a la lectura. Empieza por algo sencillo. Con dibujos, que te hará falta.
O mejor entrégate a la policía. Empieza por ahí. Es una institución con horarios y vocación de orden.
—Exporto materiales a Europa.
Yo exporto silencio a quien lo merece.
—¿Serías mi ama si compro los libros?
No tengo vocación de ser ama. Vendo libros, no fantasías por encargo.
—Podemos ser amigos.
No.
—Por ser amigos no pasa nada.
Sí pasa. Pasa que no quiero y además me gusta mucho querer cosas normales.
—Soy un hombre diferente.
Sí. Diferente como un electrodoméstico que desarrolla opiniones y exige atención emocional.
Al día siguiente volvió. Con la misma diferencia cuidadosamente rehecha.
—Hola, ¿hablamos? Soy un hombre diferente.
Claro. Diferente. Como una “oferta exclusiva” que llega todos los días.
Moraleja:
Hay gente que cree que todo en esta vida se puede comprar.
Unos compran casas. Otros compran coches.
Y luego están los que creen que pueden comprar una persona, un guion y un universo paralelo pagando en libros.
Yo no.
Yo solo vendía una novela.
Y acabé descubriendo que internet es ese lugar donde tú pones un escaparate…
y alguien intenta empadronarse dentro.
* Dedicado a mi buena amiga Belén, a la que esto le ha sucedido realmente. He visto las conversaciones, los pantallazos... y es verdad de la buena. Tela.


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