En alguna parte del templo de Delfos se hallaba la inscripción "conócete a ti mismo". Esta advertencia tenía por objeto incitar al hombre a reconocer los límites de su propia naturaleza y a no aspirar a lo que es propio de los dioses.
No soy un Dios ni tengo ni idea de casi nada, por lo que mis certezas se difuminan. Dudo, como siempre. No acabo de asumir mi celebrada normalidad laboral y ya tiene un final cercano. Puto cierre del Banco. Cada mañana me levanto y voy a trabajar donde siempre, a la hora de siempre, a hacer lo de siempre. Pero se acaba, sin matices ni expectativas.
De lunes a viernes vivo en la tranquilidad que produce la monotonía, pero los fines de semana empiezo a madurar la idea de que uno de estos lunes no voy a tener donde ir y me sube un molesto calor a la cabeza.
De lunes a viernes vivo en la tranquilidad que produce la monotonía, pero los fines de semana empiezo a madurar la idea de que uno de estos lunes no voy a tener donde ir y me sube un molesto calor a la cabeza.
La duda es hacia donde orientar mi futuro. Tengo la certeza de que un banco no puede tapiar la puerta y largarse. Lo normal es que sea absorbido por otro que se quede con el negocio y como mínimo con una parte de la plantilla. Por otro lado existen los EREs, y según te pille puedes salir bien o bastante trasquilado. Lógicamente estoy empezando a mandar curriculums a ver que pasa -aunque sólo sea por rodarme en entrevistas- pero nadie me ha llamado, por lo que todas las opciones siguen abiertas. Resumiendo, hablamos de:
a) Aguantar hasta el final y ver si nos compran y puedo jubilarme en un banco. Es una Ruleta rusa, pero hay más disparos que balas, por lo que tendría opciones de superviviencia. Tengo curro, y a las malas, si no me cogen, podría seleccionar el siguiente punto.
b) Aceptar un posible ERE -si es bueno- y buscar curro estando en paro. Me pone dinero en la buchaca, pero pierdo la opción de jubilarme en un banco. Aquí, una bala. Un disparo.
c) Aceptar alguna oferta de trabajo en la que probablemente perderé un alto porcentaje de sueldo. Pierdo además la posibilidad de jubilarme en un banco y el dinero del ERE. Y tendría que empezar de cero. Complicado.
Nunca he pasado bajo la puerta del templo de Delfos, pero de tanto estar conmigo me conozco. Sé que el calor en la cabeza lo sentiré cada vez más a menudo. También que soy cobarde. No me mola la incertidumbre y me cuesta salir de entornos conocidos. Por eso sé que mi decisión será la primera: esperar. Con la pistola en la sien.

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