Ayer me llamó a una reunión con un jefazo. Repasamos temas a un nivel alejado de la realidad. Una hora hablando de “maceración de estrategias”, la última gilipollez del vocabulario cool de mi empresa. El lenguaje era tan barroco que no entendía muy bien lo que decían, aunque creo que ellos tampoco. Era como si dos personas mantuviesen una conversación en idiomas distintos sin entender una palabra de lo que dice el otro. Les reconozco el mérito: mantenían el tono de la conversación como si tal cosa.
Cuando me aburrí de tanta palabrería terminé por preguntar ingenuamente qué tenía que hacer yo en todo esto.
Cuando me aburrí de tanta palabrería terminé por preguntar ingenuamente qué tenía que hacer yo en todo esto.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Una tonelada de Excel.
- ¿Para cuándo?
- Para mañana.
- Me cago en vosotros. Y en vuestros ancestros.-Bueno, esto no lo dije, pero lo pensé muy fuerte-.
Me han jodido el día con sus urgencias de mierda. Otra vez
Ahí tenéis los putos Excel -difuminados por eso de la confidencialidad- para que veáis la dimensión del marrón. No está mal para una tarde.
P.D. - 48 horas después de las putas urgencias el documento sigue encima de su mesa. Sin leer.
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